No tienes derecho a entrar otra vez en mi vida, para venir a decirme que siempre he sido como una especie de neurótica impredecible, que mi mente es como una jodida escalera de caracol, no tienes ningún tipo de derecho, jamás entraste en mi mente, ni intentaste entenderme, jamás te preocupaste lo más mínimo por mi. Aunque, claro, yo por ti tampoco. Nunca te quise, y te lo dije mil millones de veces. No mentí ni una sola vez, no hay de qué.
No tienes nada que echarme en cara, así que si te tengo enterrado y más que enterrado no quieras volver a mi vida, no eres nada para mi.

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