Prometo que tan solo estaba andando para ver si me encontraba, porque me perdí en mentiras y en dobleces, me perdí en las arrugas que te salen bajo los ojos al sonreír. Y desde esa noche lluviosa de Agosto no me he vuelto a encontrar. Me busqué en colillas, en finales de canciones, en versos de poemas, y no. No me encontré.
Fui andando. Y me encontré el rio.
Malditos instintos suicidas.
Me encontré en el reflejo del agua, en el fondo del rio. Juro haberme visto en la negrura del agua.
Entonces recordé tus lunares de tu clavícula derecha. El Cinturón de Orión es una copia barata de tus lunares.

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