No es felicidad, no puede llamarse de ese modo, no es tristeza, no. Es miedo a mirar atrás, a los recuerdos, al pasado, a ese candado en el puente. Ya está oxidado. Paso los domingos para comprobar si tienes el valor de quitarlo, de tirarlo, de romperlo. Lo mismo que hicieste con todas mis cartas. Y que yo hice con el pasado. Aún así sabiendo que los dos podemos romper ese pequeño detalle que todavia hace que nuestras vidas sean convergentes no hemos sido capaces de acabar con ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario