Hay tantos lazos que nos unen, que no sabría ni por donde empezar, hay miles de tipos.
Pero ninguna fuerza lo suficientemente demoledora para romper cada fibra que forma ese intrincado tejido por lo que somos capaz de matar, llorar, reír y soñar.
Pero claro, yo no quiero estar unida a ti.
Nunca más.
No quiero ser capaz de mirar adonde lleva el trenzado, que de igual manera en la que nos unen, también entrelazan nuestro destino.
Pero, si me suelto de ti, hasta la última sonrisa, estoy segura de que flotaría a la deriva, hasta encontrar algún puerto seguro, aunque claro, nunca encontraría ese puerto, seguramente moriría donde rompen las olas, y aún así dependiendo de ti.
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