De pronto conoces a una chica con los ojos verdes, y otra con el pelo kilométrico, que hacen que tus abismos parezcan insignificantes, que cada palabra tenga sentido, y que pase lo que pase, siempre te podrás levantar.
Aparecen de la nada y no puedes parar de preguntarte donde se habrán escondido durante todo este tiempo. Ellas hacen que los juegos de mesas acompañadas de café se conviertan en reuniones secretas, llenas de risas, de bromas y de sonrisas.
Hacen que las cuestas más grandes que antes veías infinitas pasen en segundos, que llegues al lugar que quieras, como y cuando quieras.
Hacen que las tardes monótonas se conviertan en constantes aventuras.
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