Te echo de menos, tanto que me falta el aire, que me ahogo y siento que mis costillas oprimidas después de tantos llantos ocultados van a estallar en mil pedazos, dejando incrustadas las astillas en mis órganos vitales de la misma forma en la que están incrustadas en mis retinas las tardes juntos, de las misma forma en la que tengo tatuado tu olor en cada resquicio de mi cuerpo, en cada doblez de mi piel.
Te echo tanto de menos que he perdido mis sentido y con ello a la Luna, que llevaba la cuenta de mis pasos dados y de los que todavía me quedan por dar. Ahora estoy aquí perdida, dramatizando y sola como esa cicatriz que adorna tu piel.
Te echo tanto de menos que por tal de no pensar en el vacío de mi futuro que has creado he perdido la cabeza contando las gotas que caían al suelo sin estar muy segura de si provenían del cielo o de mis propios ojos, cansados y desquebrajados por culpa de este dolor de cabeza que no para de atormentarme en forma de espiral hasta que creo ser capaz de ver tu figura detrás de tanta niebla.
Me haces tanta falta que he llegado a perder la sensibilidad en las manos y se me han cuarteado porque de tanto buscarte a ciegas, solo he sabido pincharme con todas las espinas de las rosas que me he encontrado sin ser capaz de verlas ni le oler su fragancia, por lo ver más que tu nombre grabado a fuego por dentro de mis párpados, y por supuesto tampoco fui capaz de encontrarte.
Te echo tanto de menos que ahora solo siento que la nicotina es capaz de llenarme, las paredes las únicas capaz de soportarme y mis sábanas incapaces de darme calor.
Has hecho que mi piel solo responda a la tuya, que no sienta, que no ame, si no es a ti, has hecho que las canciones en las que tantas veces me he resguardado ahora no sean capaces de darme cobijo, ni las cervezas que tantas veces han apagado mis lágrimas, ahora no logran apaciguarlas. 
No hay comentarios:
Publicar un comentario